Creciendo en el Amor Fraternal

La Biblia nos enseña que debemos amarnos; indicándonos que es un mandamiento que debemos cumplir (1 Jn. 3:11). Además nos dice que es amándonos unos a otros como se conocerá que somos discípulos de Jesús (Jn. 15:35); este amor debe ser hacia todos aquellos que son parte del cuerpo de Cristo sin hacer distinción de ningún tipo, siendo amigos y amando a los más ancianos como a padres, a los jóvenes como a hermanos, a las ancianas como a madres y a las jóvenes como a hermanas con toda pureza (1 Ti. 5:12).

Uno de los aspectos fundamentales en tu camino hacia el crecimiento y la madurez cristiana es la práctica del amor fraternal en la congregación de los santos. Ni tú, ni yo, ni nadie, puede decir que ha llegado a la madurez cristiana si no es capaz de amar a sus hermanos, aceptándolos tal y como son.

Nuestro crecimiento espiritual no es cuestión de cuántos años tengamos en la vida cristiana, sino de la manera en que vamos asimilando los principios espirituales, y éstos llegan a ser parte de nuestro carácter y rectores de nuestra conducta a partir del nuevo nacimiento.

La madurez cristiana es descrita por la Palabra de Dios de varias maneras, usando varios conceptos equivalentes: es el crecimiento de “Cristo en nosotros”; es la rendición del “yo” carnal y egoísta; es el “andar en el Espíritu”; es el ir alcanzando la “estatura de la plenitud de Cristo”; es la santificación; es avanzar en el camino a la perfección.

En la vida eclesiástica se puede ver el crecimiento de muchas iglesias como fruto de una unidad en el amor cristiano. Uno de los mayores ejemplos que he podido ver es el de la Iglesia Hispana de Bothell-Kenmore, esta congregación ha experimentado un crecimiento extraordinario en los últimos dos años. Dicho crecimiento ha sido el resultado del trabajo con un espíritu amoroso con el que se ha acogido a cada persona que se ha acercado a dicha iglesia.

La iglesia Hispana de Bothell–Kenmore es un nuevo grupo, pero es un grupo peculiar, con una fuerza de atracción donde todos, tantos ancianos como niños son un solo cuerpo, porque en ellos se mueve una atmosfera de amor fraternal. No es que hayan alcanzado el crecimiento máximo del cristiano, pero prosiguen a la meta todos unidos en amor hasta alcanzar el blanco en el amor del Espíritu de Dios.

Pastro Pedro Pozo, Washington Conference, Iglesia Hispana de Bothell

September 18, 2014 / Acción
Share