Remando Contra la Cultura

El 14 de Enero, año 2012. Lugar: Jerome, Idaho. Con el cabello todavía húmedo, mientras permanecen de pie juntos a la primera hilera de sillas del santuario, Sergio y Verónica saludan emocionados a las personas que se acercan a felicitarlos. Son muy jóvenes, ninguno de los dos supera los veinticinco años de edad. Hace unos meses no sabían que existía la Iglesia Adventista. Ahora, hoy precisamente, se han convertido en miembros de ella. No han tomado esta decisión debido a un arrebato emocional o una crisis en sus vidas. De hecho, sus vidas transcurrían rutinariamente entre el arduo trabajo en una lechería en Idaho y la crianza de Kazumi, su hijita de dos años.

Enero del año 2011. Lugar: Montana. Jacinto Muñoz y su esposa, Lucía, no tienen paz en su corazón. El Espíritu Santo continuamente los inquieta haciéndolos pensar en el pueblo Hispano que habita en la región sudeste de Idaho, a unas seis horas de donde viven actualmente si se viaja en vehículo. Materialmente, tienen estabilidad. Pero desde el día que conocieron a Jesús las cosas materiales han dejado de ser un fin. "Nuestras vidas solo tienen sentido si evangelizamos," me decía Jacinto un día. Y porque necesitaban evangelizar, sentían la urgencia de mudarse a pesar de que tal decisión perjudicaría otros aspectos de sus vidas, tales como la estabilidad educacional de sus cuatro hijos y su seguridad económica. "Si dejamos de predicar el evangelio, sentimos que nos morimos," comentaba Jacinto en otra ocasión mientras su esposa sonreía asintiendo con la cabeza.

Mientras muchas familias Adventistas Hispanas se mudan guiadas por las oportunidades de trabajo y las perspectivas de una mejor vida material, la familia Muñoz lo hace guiada por las oportunidades de predicar el evangelio. Pero no solo esto llama la atención en el estilo de vida de esta maravillosa pareja. Tienen la habilidad de convertir el lugar de trabajo en un sitio para establecer contactos y ganar amigos. Y al terminar la larga jornada laboral, no regresan a sus casas para descansar y prepararse para el siguiente día. En cambio, dedican dos horas extras a visitar a las personas que van conociendo. Pero son visitas con propósito: enseñarles recetas de cocina saludable, llevarles algún presente en forma de literatura o bien celebrar el cumpleaños de algún miembro de la familia.

Los días Sábado Jacinto realiza hasta tres viajes al templo para llevar a sus invitados. "Pastor, espero que los hermanos entiendan que los Sábados voy a estar entrando y saliendo. Para mí, la prioridad es traer amigos al templo. Yo les ofrezco el transporte." Y los frutos se ven. Sergio y Verónica, el Sr. Ángel y su esposa, la Sra. María y varias otras familias ahora conocen el mensaje Adventista.

Los esposos Muñoz no siguen la corriente de este mundo. No buscan comodidad, buscan predicar. Y el Señor va supliendo cada una de sus necesidades. Su testimonio me hace pensar en cómo se multiplicó la iglesia de los apóstoles y también en cómo terminará la predicación del mensaje como resultado del derramamiento de la lluvia tardía.

April 01, 2012 / Perspective
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