El lenguaje del amor

Cuando Donna Schmidt, maestra de una escuela pública en el área de Salem, averiguaba por qué dos de sus alumnos se habían ausentado, se enteró que el hermano mayor de ellos, Colian Mariscal, de 19 años, había tenido un serio accidente en el trabajo. A solo unos minutos de haber empezado su día de trabajo en un aserradero en Turner, Oregon, la moto sierra con la cual estaba acostumbrado a trabajar, le atrapó el brazo derecho y se lo arrancó completamente de su cuerpo.

Colian fue transportado por helicóptero al Oregon Health Sciences University Hospital en Portland donde los médicos lograron colocarle de nuevo su brazo. El padre de Colian oraba al Señor, “Señor solamente te pido que guardes a mi hijo con vida y no importa si pierde su brazo.”

Aunque esta familia no hablaba inglés, Donna estaba determinada a compartir con ellos la esperanza que existe en Jesús. Inmediatamente llamó a Ramón Canals, en aquel entonces coordinador hispano de la Conferencia de Oregon, y pidió su consejo. "Esta es una familia que está pasando por una terrible tragedia y necesitamos ayudarlos,” le explicó Donna.

“Donna, no te preocupes,” dijo Ramón. “Alguien visitará a esa familia para ayudarles en esta situación y animarles espiritualmente.” Ramón entonces contactó a Evelio Miranda, pastor de la Iglesia Hispana de Salem, quien visitó a la familia de Colian y oró por ellos.

Mientras tanto, los doctores de Colian dudaban si él podría sobrevivir. Cuando Evelio Miranda llegó al hospital, toda la familia estaba llorando desconsoladamente. Les habló del poder que hay en Jesús para sanar y oró por ellos.

“Mi esposo y yo hemos prometido que si Dios salva a nuestro hijo de la muerte, juntos iremos de rodillas a la iglesia,” confesó la madre de Colian, de religión católica. El padre de Colian también prometió que visitaría la iglesia que quedara más cerca de su casa—por la gracia de Dios, la Iglesia Adventista Hispana de Salem.

Donna continuó visitando a la familia en el hospital y llevándoles comida al cuarto de espera. Y aunque la comunicación era difícil, ella siempre se comunicó con ellos por medio del lenguaje del amor.

Los dos meses siguientes fueron los más largos en la vida de la familia Mariscal, pues los médicos no le daban mucha esperanza de vida al joven. Pero al final el Señor obró el milagro esperado, los doctores anunciaron que Colian podría regresar a casa.

Después de regresar a casa, la familia Mariscal empezó a asistir a la iglesia todos los sábados, y Rosalio Gaona, director de la obra misionera de la iglesia, los visitó en su casa para estudiar la Biblia con toda la familia.

Los caminos de Dios son misteriosos, ¿quién los comprenderá? Una maestra de escuela pública. Un pastor. Un miembro de iglesia. Una iglesia amorosa. Dios usó a todos ellos para llevar un alma a los pies de Cristo.

El Señor hizo el milagro en la vida de Colian y la familia Mariscal ha cumplido su promesa, no vinieron de rodillas a la iglesia pero le entregaron todo su corazón al Señor Jesús.

November 01, 2005 / Feature